No me hables de realidad, porque en la realidad lo nuestro no sobreviviría. No me hables de realidad porque vivimos en ella y ya sé de qué se trata. Pero no quiero escuchar sobre realidad. Sólo… dejame escaparle por un momento, lo que dura un suspiro, para volver a creer en que se puede ser feliz.
No me cuentes de lógica, de razón. No quiero saber porque lo matemático no abarca lo nuestro, porque los cálculos que definen la realidad no cubren la ecuación que representamos. No me cuentes, dame solo un minuto más, un segundo más, antes de arrastrarme a lo lógico una vez más.
¡No! No busques estadísticas para respaldar un sueño, no intentes racionalizar un deseo. Atate a mí, aferrate a esto que queremos y saltá. No busques ahogarme con palabras de un idioma que lo nuestro no entiende, no te dejes hundir por un discurso hecho que poco sabe de lo que sentimos. Sólo… tomá aire y tomá mi mano, y disfrutemos solos esta brevedad robada a la realidad.
Compensemos el resto de nuestro tiempo solos en este instante. Creemos un mundo paralelo, un tiempo suspendido, un cielo nuevo que albergue nuestras pasiones sin que nadie más lo sepa. Construyamos un sueño nuevo, de a dos, y aislémonos en él hasta que nos aplaste lo real. Seamos libres por el otro, elijamos, aprovechemos ese segundo que dura el salto antes de quebrarnos contra el suelo. Un suspiro. Una palabra. Un paso. Un instante antes de volver la mirada para siempre.
Y olvidar.
