Volví.
-LR
En noches aciagas pierdo el rumbo de mis pensamientos. La oscuridad se impone, se entromete, domina. La lógica deja de tener sentido y el tiempo se estanca. Todo cobra un color oscuro, se llena de negro. Las sombras se vuelven ciegas. Y ya nada se entiende.
Desiertas de vida, las calles se pueblan de óxido. Las paredes ceden ante la humedad y se descascaran, dejando un rastro de suciedad y abandono. Los edificios de cristal se convierten en cartón y se doblegan ante la fuerza del silencio. En el suelo yace la muerte abandonada, en hileras e hileras de caras sin rostro que esperan sin esperanza algo que ya no saben qué es.
Ya no hay nadie que se pregunte qué pasó. Los interrogantes se fueron junto con el viento y el hambre. El aire huele a fuego, ya que se consumió entre brasas y promesas. La luna y su verdad se desmintieron hace tiempo, dejando al cielo como un gran telón de teatro, que esconde y aplasta.
Las metáforas se volvieron borrosas, insignificantes. La poesía, incomprensible. Las palabras se vieron enfrentadas a su intrascendencia y de inmediato desaparecieron. La música, salvadora de tantos, fue consumida por las nubes, que en su gula se hincharon y terminaron por estallar. Las estrellas, impulsadas por la explosión, decidieron migrar a cielos lejanos, negándole al mundo su belleza y su luz. El arte se desvaneció poco a poco, quedando como una idea distante, una expresión sin concepto, un recuerdo vago en un universo con Alzheimer.
El frío reina entre la oscuridad. El suelo tiembla, los objetos se estremecen. El ambiente helado tortura y erradica, impide la vida y detiene la muerte. En el frío se alberga la eternidad efímera que lo controla todo desde su impasible cuna. No existen certezas, ni verdades. El pasado y el futuro son versos de un canto que se extinguió hace ya demasiado. La realidad es imaginaria, inventada.
Y si piensas estar vivo, tu única garantía, allí, es que no lo estás.
En noches aciagas pierdo el rumbo de mis pensamientos. Si me descuido tan sólo un instante, la muerte me abre las puertas a su solitaria ciudad. Y estando allí temo. Me aterra pensar que, en realidad, estoy echando un vistazo a un futuro posible. Y que lo único que puedo hacer, en esta inercia inevitable, es mirar.
Desiertas de vida, las calles se pueblan de óxido. Las paredes ceden ante la humedad y se descascaran, dejando un rastro de suciedad y abandono. Los edificios de cristal se convierten en cartón y se doblegan ante la fuerza del silencio. En el suelo yace la muerte abandonada, en hileras e hileras de caras sin rostro que esperan sin esperanza algo que ya no saben qué es.
Ya no hay nadie que se pregunte qué pasó. Los interrogantes se fueron junto con el viento y el hambre. El aire huele a fuego, ya que se consumió entre brasas y promesas. La luna y su verdad se desmintieron hace tiempo, dejando al cielo como un gran telón de teatro, que esconde y aplasta.
Las metáforas se volvieron borrosas, insignificantes. La poesía, incomprensible. Las palabras se vieron enfrentadas a su intrascendencia y de inmediato desaparecieron. La música, salvadora de tantos, fue consumida por las nubes, que en su gula se hincharon y terminaron por estallar. Las estrellas, impulsadas por la explosión, decidieron migrar a cielos lejanos, negándole al mundo su belleza y su luz. El arte se desvaneció poco a poco, quedando como una idea distante, una expresión sin concepto, un recuerdo vago en un universo con Alzheimer.
El frío reina entre la oscuridad. El suelo tiembla, los objetos se estremecen. El ambiente helado tortura y erradica, impide la vida y detiene la muerte. En el frío se alberga la eternidad efímera que lo controla todo desde su impasible cuna. No existen certezas, ni verdades. El pasado y el futuro son versos de un canto que se extinguió hace ya demasiado. La realidad es imaginaria, inventada.
Y si piensas estar vivo, tu única garantía, allí, es que no lo estás.
En noches aciagas pierdo el rumbo de mis pensamientos. Si me descuido tan sólo un instante, la muerte me abre las puertas a su solitaria ciudad. Y estando allí temo. Me aterra pensar que, en realidad, estoy echando un vistazo a un futuro posible. Y que lo único que puedo hacer, en esta inercia inevitable, es mirar.
1 monedas:
qué linda manera de consumar el mundo
Publicar un comentario en la entrada