Soy todo un caso. Sí, yo. Yo...
Me disculpo con los lectores -pocos y fieles, y más que todo obligados por mí misma- argumentando que estuve en época de exámenes... Esos exámenes del tipo "DIOS-DIOS-DIOS-MIO-FALTAN-2-HORAS-Y-46-MINUTOS-CON-23-SEGUNDOS-PARA-EL-FIN-DE-MI-VIDA-Y-NO-ESTUDIE-NADA-Y-ME-PASO-LAS-HORAS-EN-LA-COMPUTADORA-Y-ME-VA-A-IR-HORRIBLE-Y-NO-VOY-A-PODER-RECIBIRME-Y-VOY-A-TERMINAR-BARRIENDO-PISOS-AD-HONOREM-HORROR-QUE-HORROR", que terminan por provocarte noches largas de insomnio repasando fechas y nombres o tomando conciencia de tooooodo lo que no sabes y que te van a tomar en menos de dos horas, una severa adicción al café -que finalmente constituye el 80% de tu cuerpo, reemplazando así al agua- y una leve tendencia a la religión. Y, por supuesto, si eras un poquín optimista -por no decir mucho-, olvidate, este tipo de exámenes te sacan el optimismo a preguntas.
Ese es el tema. Por eso no subí nada en las últimas dos semanas y -aparte- porque estoy sumergida en una historia "larga". Tal vez, algún día, la suba. Tal vez, simplemente no.
Podría extenderme en divagues, pero me gustaría terminar con una pequeña reflexión sobre mí misma. ¿El tópico? El fin de yo como estudiante, el fin de mi escolaridad, el fin de mi estadía en ese colegio sistemático y exigente cuyas clases me albergaron todos estos años. No puedo decir que haya sido una mala experiencia, ni tampoco una experiencia genial. De cierta manera me enseñó lo que es la vida -la gente, los problemas- como de la misma manera me mantuvo aparte. Podría hacer una crítica extensa y agotadora, descargando todos los temas y asuntos no resueltos que tengo con él; podría hablar párrafos y párrafos sobre la clase de gente que asiste, sobre la vida que se lleva en ese colegio, sobre el sistema que rige y dogmatiza a todos sus estudiantes. Podría insultarlo y decir que es lo peor que me pasó en la vida.... ¿Pero saben qué? No haría ninguna diferencia. Porque lo importante no es como es el colegio, ni como es la gente que asiste, ni como funciona el sistema. Lo único que importa es cómo eso me afectó.
Lo cierto es que aprendí mucho a lo largo de estos quince años. Conocí gente maravillosa y otra no tanto -a mis ojos. Aprendí a caerme y a levantarme, a encajar los golpes y seguir andando. Aprendí a querer y a que me quieran, a cuidar y a ser cuidada. Aprendí que dando se recibe, y que una sonrisa la mayoría de las veces hace maravillas. Aprendí también el concepto de la hipocresía y sus formas de expresión, como también la idea de compañerismo. Fue a la vez un pequeño infierno con su respectivo cielo, la guerra con su paz. Aprendí lo que es el respeto y la ignorancia. Aprendí a ir más allá de lo que se dice o ve -aunque siempre me cueste aplicarlo. Aprendí también -aunque no me cause mucha alegría- a estar siempre a la defensiva, a competir en todo y a necesitar reconocimiento constante de mis logros. Aprendí lo que es el dolor, lo que es no querer levantarse cada mañana, lo que es sentir odio permanente. Aprendí lo que es vivir en el margen. Y, sobre todo, aprendí lo que es la amistad. Y eso -entre todo lo malo que pude haber vivido ahí- es lo más rescatable de todo. Porque sin ellos, no sé si lo hubiera logrado.
Así que... en pos de festejo, propongo un brindis. Por los finales y sus comienzos, por andar siempre aprendiendo y -más que todo- por la amistad.
Michael Levine dijo "Cuando se dejas de frecuentar a los verdaderos amigos, se pierde el equilibrio." Ustedes fueron y son mi equilibrio en la cuerda floja que fue siempre el colegio. Gracias por no dejarme caer!
1 monedas:
Pues alzo mi copa con ud mi bella niña! Por la amistad y porque dure mucho mas (hasta siempre ojala)
Publicar un comentario en la entrada