
CRÓNICAS DE UNA CAZADORA
Mi papá una vez me dijo que tenía que amar, en lugar de querer, porque querer era más egoísta, más personal. Querer era interesado. Me explicó que uno quiere un objeto cuando lo desea para sí, pero que uno ama cuando no le importa “poseer” a alguien mientras este sea feliz. En resumen… esto fue hace bastante, pero siempre me dejó pensando. Hasta el día de hoy, en el que finalmente me doy cuenta de algo.
Siempre dije que te amaba. Que te amé durante un tiempo y que después ya no, pero que en el fondo siempre te seguí amando. Hoy me di cuenta de que, en realidad, nunca fue así. Yo no te amaba, te quería. Te quería y te necesitaba para alimentar mi orgullo personal. Te quería y deseaba como se desea un trofeo en una feroz competencia en la cual se da todo. Te quería y ansiaba tenerte, poseerte, poder decir que eras mío y que sólo yo era tu dueña. Te quería y ambicionaba obtenerte para poder decir que había triunfado sobre las otras, que las había derrotado en ese juego tan peligroso que llaman Amor. Te quería, aunque fuera sólo por un segundo, para regodearme en mi victoria y finalmente poder terminar esta historia que tanto me asfixia y tanto me rompe, que me vuelve neurótica y mortíferamente creativa.
La realidad es que esa competitividad obsesiva me corrompe y corroe por dentro. Me lleva a hacer cosas que jamás haría de otra manera, a odiarte y odiarme y además a querer más y más. Porque cuanto más me cuesta atraparte, más te deseo, y cuanto más te deseo, más creativa tengo que ser para buscar una manera de apresarte. Y aunque muera por poder encerrarte entre mis manos y estrujarte hasta obtener cada gota de tu rendición para poder vanagloriarme entre mis iguales, lo cierto es que no es la victoria en sí lo excitante, sino la caza. La puesta a prueba de mis sentidos, de mi inteligencia, de mi capacidad, es lo que me hace seguir. Se trata de ganar, o morir en el intento.
Como la leona y el ciervo, como Merteuil y Valmont, soy víctima de mi competitividad y de mi necesidad de caza. Lo que te hace tan especial, es tu resistencia. Porque ambos sabemos muy bien que en el momento en el que dejes de resistirte, vas a perder todo tu valor y volverte un trofeo más en la repisa polvorienta de mi memoria. Un nombre, una fecha y un final de historia.
Este orgullo que me lleva a buscar el triunfo en todas partes es a la vez lo que me vuelve feliz y miserable. Puede a la vez elevarme y llevarme al éxtasis momentáneamente o fundirme en la peor de las miserias durante bastante tiempo. Estoy atada a una roca que me tira hacia lo más profundo y me ahoga, y necesito agárrame de algo más –podrías ser vos, o los anteriores o los próximos- para no hundirme sin defenderme. Pero, al final, lo más probable es que nos hundamos los dos, sin posibilidad de escape o redención.
Algún día, espero, si no me ahogo antes, voy a aprender a amar. Y entonces, voy a dejar de quererte. Para nunca volver a hacerlo.
1 monedas:
Bien sabido es que la ambición tanto puede volar como arrastrarse. - Edmund Burke
Pero por suerte:
Un amigo quizás no sea capaz de levantarte pero buscará la forma de no dejarte caer.
You count on me, chérie.
Je t'aime.~
Publicar un comentario en la entrada