
Ayer llevé a cabo, por lejos, la peor declaración de la Historia. Sólo con decir que cité textualmente a Harry Potter y que nos echaron dos veces del lugar donde estábamos por nuestros gritos, debería bastar para captar al menos una mínima parte de lo que fue mi innovación en lo que trata el suicidio emocional.
Para comenzar –y cómo buena escritora clásica que me precio de ser- procederé a hacer, si no una descripción detallada del lugar de encuentro, al menos una presentación del mismo, de manera que puedan figurarse el contexto en el cual esta pseudo-declaración se llevó a cabo. Primero y antes que todo, se trataba de una callecita siniestra y descuidada que desemboca en una vía de tren, digna de cualquier historia de misterio. En esta calle se encuentran tanto autos hace bastante abandonados, como un depósito de pasto y basura que –me imagino- antes consistía en una placita, o un patio de juegos, o algo. Creo. Espero. Al fondo y al lado de la reja que separa la estación de tren, se encuentra un pilón de basura junto a un agujero en el concreto, del que salen y entran gatos como si se tratara de una taberna crepuscular para mininos. Estos transeúntes un poco animalescos cruzan la vía por una escalera tétrica hecha de acero, que completa el panorama izquierdo de esta calle, mientras que por la derecha se puede acceder a una peatonal bastante pobre, en la cual se puede encontrar un pequeño local chino de celulares, una peluquería de tres al cuarto, un negocio oriental de ropa occidental y finalmente un resto-café-chori-bar, con unas mesitas al exterior para el aventurero que disfrute del aire viciado del ajetreo cotidiano y el hitazo del momento de los trenes yendo y viniendo. Todo esto constituye la escena del crimen. ¿No creen que sea para tanto? ¿No los convencí con esta descripción actualizada del lugar? Bien, sigan leyendo entonces, y me dirán al final.
La conversación no comenzó donde terminó –en este callejón-, sino unas tres cuadras antes. Y no la inicié yo, oh, no. Así de patético fue. El caso es que él ya sabía lo que yo sentía por él, y comenzamos a hablar porque él quería decirme –como siempre, como todos, como era de esperarse- que él apreciaba mucho la relación que teníamos y que no querría perderla por… eso, que yo sintiera algo por él y que bla bla bla reliquias. La cosa es que le expliqué que yo no sentía nada profundo por él –que finalmente terminé contrariando con mi extenso sinceramiento. A partir de entonces se vuelve como un gran emborronamiento de hechos, de frases y sentimientos. Me encantaría recordar todo lo que pasó, pero creo que una parte de mí –la inteligente, me parece- lo suprime y me impide volver a repasarlo todo, a fin de preservarme de seguir dándome máquina hasta enloquecer.
Recuerdo claramente que repetí mucho la frase “mis intenciones no son buenas” como si fuera una estafadora de primera o algo, y no sólo eso, sino que –sí, lo sé- dije claramente: “como dicen los gemelos Weasley de Harry Potter: mis intenciones no son buenas”. Hay que superarlo. Hay que QUERER superarlo. Porque supone un esfuerzo, hundirse más en la zanja de la humillación personal.
Discutimos mucho –porque al parece me encanta discutir. Aclaro: me gusta mucho discutir con él. De cierta manera, me acerca un poco más a él y me incita a usar mi inteligencia –cosa que me encanta hacer, porque por lo general la mantengo en estado de siesta, como una PC para ahorrar batería-. En fin, discutimos tanto –y tan fuerte- que, no una, pero dos veces nos pidieron que fuéramos a discutir a otra parte. Por todo el tema de la policía y etcétera etcétera. ¿Seguimos sumando al humillómetro? Así es, damas y caballeros, así es.
Fui sincera. No, fui muy sincera. Egoístamente sincera. Le confesé sentimientos, sensaciones, momentos y acciones sin jamás pensar en si él podría lidiar con ellos. Porque por mucho que yo sepa todo y tenga la historia más que masticada, él no. O sí, pero no tanto. Y no sé si fui justa con él, o si le dije cosas que –por mucho que no lo demuestre- le hayan afectado. De cierto modo, espero que sí, porque entonces significaría que le llegué de alguna manera. Pero por el otro lado, espero que no. Porque, por mucho que quiera odiarlo para poder sacármelo del pecho y del estómago y de la cabeza, no le quiero hacer mal. O al menos, no mucho -y risa malvada.
Estuvimos hablando durante mucho rato –aunque si no hubiera sido por la cantidad de trenes que pasaban por detrás y que él se perdió por estar hablando conmigo, juraría que no fue nada. Hablamos mucho, siguiendo algún tipo de lógica retorcida que te permite ir más allá de tus sentimientos y manejarte de manera racional haciendo caso omiso del dolor que te inflige. Y la seguimos, hicimos todo el razonamiento matemático que nos ofrecería algún tipo de solución a la situación en la que estábamos metidos, y nuestra conclusión fue que no hay solución. O que si la hay, no es posible, por falta de sentimientos, o por sobra.
Discutimos y debatimos y hablamos y susurramos hasta que se nos acabaron las palabras y las ganas. Hasta que se nos acabó el tiempo y la imaginación, y llegó la hora de separarse. Fui sincera al decir que, si pienso en el futuro que me depara a partir de ahora con respecto a él, no quiero despertarme un día y pensar que podría haber hecho más. Haber intentado algo, lo que sea, para al menos darle un final a la historia. Y entonces le pedí lo único que él no puede darme, que me serviría para darme cuenta lo que siento por él, pero que podría salir bien como muy mal. Aunque, una vez que se toca fondo, ¿se puede bajar más? ¿Existe un sótano para el fondo?
Cuando él se negó, no insistí. Si hay algo que detesto, es una chica –o chico- arrastrándose para convencer a alguien de…. Y decidí no serla. Decidí no argumentar con palabras que tienen razón para no caer tan bajo. Tal vez hubiera logrado convencerlo. Tal vez no. Pero, una vez más, elegí mi orgullo antes de una posibilidad de ser feliz. Y así sigo.
Así que ese fue el final perfecto para un día ideal. La cereza del postre, el fracaso de los fracasos. Y me gustaría tener una frase esperanzadora para terminar esta historia, pero por el momento, estoy sentada en el sótano, abrazada a mí misma, lamentándome y sintiendo autocompasión. Probablemente me recupere pronto y recomience a tratar de ser feliz y disfrutar de la vida y de los amigos maravillosos que tengo. Es muy posible que para mañana ya esté bien. O si no bien, mejor. Con curitas en las heridas y una sonrisa cosida a mis mejillas con el cariño de los que me rodean.
Pero por ahora, suspendo todo y me repito –sin creerlo- todo lo que pasó ayer. Lo patético que fue, lo triste que soy, las cosas en las que cedí y que hice sólo por… él. Porque él fue la primera persona a la cual le admití que seguía sintiendo algo por él. Y lo peor es que él ya lo sabía. Así que ni siquiera tuve la exclusiva.
Dicen que por esa palabra de cuatro letras que te vuelve tan jodidamente miserable, uno hace hasta lo más absurdo. Como declararte una segunda vez, con la misma persona, y aún así, hacerlo incluso peor que la primera.
5 monedas:
So don't worry, 'bout the things (8) ;)
yo creo que si la protagonista de la historia hizo una segunda declaración , que es tan descabellada como la autora, no se va a levantar una mañana pensando que no intentó. Que no le puso la garra suficiente. Creo que lo que hizo este personaje es admirable y creo que me gustaria poder decir que tengo la misma fuerza y las mismas ganas de amar como para hacer lo que hizo. Si fuera,digamos, una amiga muy cercana a este personaje(claro, en una situacion hipotética) estaría muy orgullosa de ella.
Al menos, tendras la satisfacion de haberlo intentado... No despertaras algun dia pensando que hubieras podido hacerlo mejor, porque habras hecho todo lo posible.
Tenes razon: esa fucking palabra de 4 letras no atrae mas que problemas... Aun asi, no podemos vivir sin ella!!
Yo creo que la persona que se declara dos veces es la persona con mas fuerza q conozco con la mente mas clara q la 7up(aunq a veces ella piense lo contrario)y q la persona q la rechazo no una sino dos veces, es un b.... porq no sabe a la mina q se pierde...
>< La perseverancia es la clave del éxito ;)
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