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Llueve.
Muchos le reprochan que hace notar lo obvio, pero es que ella no está simplemente haciendo una constatación del clima, sino que se lo reafirma a ella misma. Y lo dice y lo repite en un susurro emocionado, porque la lluvia la hace feliz. Inusual, básica y particularmente feliz.
Porque la lluvia le permite encerrarse en sí misma sin tener que dar explicaciones sobre su estado de ánimo. Porque el ruido de la lluvia tapa sus lágrimas y el sonido de algo que se rompe a menudo dentro de ella y que, bajo el sol y la luz radiante, no puede ignorar. La lluvia le trae paz. La lluvia le regala silencio.
Cuando llueve, ella puede salir y permanecer bajo el agua hasta que el cielo deja de caer y se aclara. Las gotas que caen son pequeñas e inofensivas, y aunque caen sobre ella como golpes del destino y de la vida, finalmente son una caricia sanadora. Ellas, inocentes, arremeten contra ella alegremente, penetrando en sus fisuras, limpiando sus heridas entre susurros y besitos. Algunas siguen camino luego de cumplir su trabajo. Y otras se quedan con ella hasta que vuelve a su casa, asegurándose de que está bien, hasta que ella se envuelve en una toalla, retomando el cuidado de sí misma. El deber, entonces, está cumplido.
La lluvia la inspira. Como es devota, la lluvia purga su corazón de todas las palabras que esconde en secreto. Puede llenar hojas y hojas de expresiones y metáforas bellísimas, porque no le faltan. Combinaciones y juegos de palabras que caen del cielo como gotas y le martillan la cabeza y los oídos hasta que, finalmente -y quejándose de cuan molestas pueden llegar a ser- las escribe. Y de un momento a otro y sin darse cuenta, ya no puede detenerse.
Cuanto más fuerte es la lluvia, más se deleita. Porque es un momento suyo, un momento de tranquilidad que sólo la lluvia puede crear y que le consiente, por tan sólo un ratito –ratito que, al final, es de una eterna ayuda-, estar bien. Sin nada más en el mundo que ella y la canción de cuna que canta la lluvia. Y nada más.
Que llueva significa que puede levantarse a la mañana y decir “hace frío y tengo granitos y me siento fea, pero hoy estoy en paz conmigo misma”. Bajo el sol, los diamantes brillan y las piedras se recalientan. Pero bajo el cielo nublado y tormentoso y agitado, todo luce igual. Los colores toman una tonalidad distinta y ronda un perfume agobiante aunque fascinante, como musgo y pasto mojado. Es un paisaje gris, como una fotografía en blanco y negro. Y ella, que se cree gris entre tantos colores brillantes, se siente a gusto. Tal vez ella no quiera brillar. Tal vez, lo único que ella necesita es ser vista.
La lluvia la hace feliz. Cuando llueve puede dormir bien, con placer. Vuelve todo su mundo distinto. Cada situación, cada momento, tiene un valor distinto cuando existe la lluvia de fondo. Un libro, una película, una hoja en blanco y un lápiz. Una carta de un amigo. Un sueño romántico.
La lluvia es como un sueño, lleno de sensaciones y alegrías. Y para ella, que tanto necesita escapar de su realidad, resulta un alivio –aunque paradójico- poder refugiarse en ella. Tan gris, tan bella, tan única. Como ella.
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Follow the path of the unsafe, independent thinker. Expose your ideas to the dangers of controversy. Speak your mind and fear less the label of 'crackpot' than the stigma of conformity. And on issues that seem important to you, stand up and be counted at any cost. Thomas J. Watson
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