HOY: arTE
Cuando sus labios se encontraron, todo lo que una vez había contado dejó de valer. Las reglas, las leyes, las normas impuestas por todo el resto se esfumaron tras los vidrios empañados por su pasión. Fue una unión brusca, fruto de segundos y días y años separados por una frontera infranqueable. Se hallaron en la oscuridad como dos ciegos bajo el sol, sin miedo a perderse o a equivocarse. Y todo lo que una vez creyeron conocer se esfumó bajo sus pies, llevándose las huellas, los recuerdos y el pasado.
¿No me escuchaste gritar? Te oí llorar y vine lo más rápido que pude. Grité tu nombre por décadas y jamás respondiste. Una lágrima es más fuerte que un grito. Lo mío no fue una, fueron miles, miles ¿te das cuenta? Y no viniste. No era tiempo de que viniera. Podrías haberme avisado, dicho algo, una carta, algo para sacarme de la desesperación. Lo siento, no podía, no pude, no… no fui capaz. Sí, me doy cuenta. Pero me esperaste. ¿Y por qué lo crees? Porque sonreíste como la primera vez. Ya no estoy sonriendo. Sí lo haces. Tus ojos. Estúpidos que son.
Engañarte fue fácil durante un tiempo. Sólo era cuestión de tocarte para que te olvidaras de porqué estábamos discutiendo. Pero luego se volvió más difícil. Engañarte fue cada vez más complicado.
¿Y por qué es eso?
Verás, para engañar, hay que saber mentir. Hay que tener sangre fría y confiar en que el otro confiará en todo lo que le dices. Claro que con el tiempo, perdí esa confianza.
¿Por qué?
Ya no me tragaba que no te quería.
No me prives de una explicación. Si estoy acá es porque pretendo –no, exijo una. Y no trates de distraerme con excusas vanas porque ya no tenemos diecisiete años. Si estoy acá es porque te estoy dando una oportunidad: no la desperdicies. Ya pasó mucho tiempo. Ya no estoy para juegos. Ya no más.
No…
No. No empieces tu explicación con “no” porque estarías negándome algo y eso desencadenaría una discusión. Empezá de nuevo.
Bueno, yo…
¡No dudes! ¡Dios! ¿No sabes por qué estás acá? ¿No tuviste treinta años para preparar este momento?
Sí, pero…
¿Pero qué? ¿Siempre tiene que haber un pero? ¿No podés armar una sóla frase que no cumpla con el estándar conversacional del resto del mundo?
Perdón.
No me pidas perdón. Quiero una explicación, no disculpas. Dale, si me querés, probalo.
Es que no te amo.
Ah. Es-está bien. Me… me tengo que ir, ¿no? Sí. Decime, ¿para esto me llamaste? ¿Para esto me buscaste todos estos años? ¿Para esto no dejaste de seguirme a todos los lugares remotos a los que me fui?
No te seguí a ningún lugar.
¿Es una broma? Tiene que serlo. ¿Cómo me lo vas a negar? ¡Si te vi!
No, no me viste. No me ves.
Te estoy viendo ahora mismo. Estás usando un traje verde y tenés el pelo cortado al ras. ¿Cómo podría saber todo eso si no te estuviera viendo? ¡Te dije que no estoy para juegos!
¿Segura?
Sí, segurísima. ¿Por qué?
Porque tu imaginación no piensa lo mismo.
Encontrar coincidencias en todas partes no tiene mérito. Encontrar sentido, eso sí.
Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
Hasta la vista.
0 monedas:
Publicar un comentario en la entrada