25/05/11

Somewhere only we know

Soundtrack: Somewhere only we know - Keane


No me hables de realidad, porque en la realidad lo nuestro no sobreviviría. No me hables de realidad porque vivimos en ella y ya sé de qué se trata. Pero no quiero escuchar sobre realidad. Sólo… dejame escaparle por un momento, lo que dura un suspiro, para volver a creer en que se puede ser feliz.

No me cuentes de lógica, de razón. No quiero saber porque lo matemático no abarca lo nuestro, porque los cálculos que definen la realidad no cubren la ecuación que representamos. No me cuentes, dame solo un minuto más, un segundo más, antes de arrastrarme a lo lógico una vez más.

¡No! No busques estadísticas para respaldar un sueño, no intentes racionalizar un deseo. Atate a mí, aferrate a esto que queremos y saltá. No busques ahogarme con palabras de un idioma que lo nuestro no entiende, no te dejes hundir por un discurso hecho que poco sabe de lo que sentimos. Sólo… tomá aire y tomá mi mano, y disfrutemos solos esta brevedad robada a la realidad.

Compensemos el resto de nuestro tiempo solos en este instante. Creemos un mundo paralelo, un tiempo suspendido, un cielo nuevo que albergue nuestras pasiones sin que nadie más lo sepa. Construyamos un sueño nuevo, de a dos, y aislémonos en él hasta que nos aplaste lo real. Seamos libres por el otro, elijamos, aprovechemos ese segundo que dura el salto antes de quebrarnos contra el suelo. Un suspiro. Una palabra. Un paso. Un instante antes de volver la mirada para siempre.

Y olvidar.

21/05/11

Todos perecemos ante la fuerza del futuro. Nos rendimos, nos agobiamos, perdemos rastro de nuestros sueños y dejamos que el Tiempo, con su gran mano de acero, nos los arranque sin preguntar primero. Confundidos, inseguros, arriesgamos poco para perder mucho, desesperamos ante una foto que no entendemos y que nos asegura nuestra derrota. Solitarios, perdidos, ciegos, nos adentramos en una nube de humo sin saber como volver en caso de que no encontremos el camino. Nos detenemos ante un abismo, indecisos, hasta que la fatalidad de lo inevitable nos empuja con un soplido, haciéndonos caer en lo infalible, en lo incambiable, con esa sensación de vértigo que nos estruja el pecho y grita que tarde o temprano nos vamos a estrellar. E intentamos nadar en un aire demasiado ligero, aferrarnos a un recuerdo demasiado resbaloso, buscando una salvación que no va a llegar y una redención que no se nos va a otorgar. Invisibles, efímeros, desconsolados, caemos como peso muerto por el vórtice de una era rota, esperando sin esperanza el final del túnel, el suelo del abismo, el fondo de la pileta, para comprender, finalmente, que es una caída lenta y dolorosa que nos lleva al entendimiento de que, en realidad, no somos nada.

14/05/11

Hoy . Parte I

Si alguien apareciera y te preguntara: ¿QUIÉN SOS?

¿Sabrías qué responder?

Preguntas que nunca nos hacemos.
O silenciamos la respuesta...
Antes de formularla.

21/04/11

-

Today, I realized that there is only one person in the whole world with whom I don't feel as an awful person.
And he lives in Canada.


Día gris.

15/04/11

Juiiíííshhh -Vaho-

Soundtrack del día: Baby It's Cold Outside, by Ray Charles and Nina Simone

A veces, todo lo que se necesita es una exhalación.

Una exhalación que corre junto al tiempo, que lo reemplaza, que lo detiene. Una exhalación suelta, perdida, dejada al vacío y que se lo lleva con ella. Una exhalación –aire, cargado con demasiado, con demasiado poco, con nada –una palabra muda que nace de un sentimiento, crece en una sensación, y así como se libera en una explosión, desaparece.

A veces, todo lo que hace falta es una exhalación.

Una exhalación como punto de cambio, de quiebre, de ruptura. Una exhalación como grito desgarrador, como lágrima traicionera, como sonrisa fugitiva. Una exhalación sincera, inconsciente, que marca el primer paso hacia una nueva página.

A veces, todo lo que se requiere es una exhalación.

Una exhalación entre el terror de alguien que cree perdido a alguien que ama y el alivio de reencontrarlo. Una exhalación como signo de que una barrera se rompe y no hay nada que se interpone entre dos amantes. Una exhalación de satisfacción, de alegría, que velozmente se transforma en una risa desbocada.

Una exhalación que, a veces, es lo único que se necesita para volver a vivir.


apartE: dos recomendaciones videales para reírse un rato!

(1) http://www.youtube.com/watch?v=Pl5BtKKgPRc

(2) http://www.youtube.com/watch?v=VMTCEXjOGY0&feature=related

13/04/11

Frasescopio


hoy, ¡FRASES! en inglés
de mi colección personal y noprivada


"Some are born great, some achieve greatness, and some hire public relations officers."

"In America, they want you to accomplish these great feats, to pull off these David Copperfield-type stunts. You want me to be great, but you don't ever want me to say I'm great?"
Kanye West

"Being a woman is a terribly difficult task since it consists principally in dealing with men."
Joseph Conrad (1857 - 1924)

"What luck for rulers that men do not think."
Adolf Hitler (1889 - 1945)

"Everyone thinks of changing the world, but no one thinks of changing himself."
Leo Tolstoy (1828 - 1910)

"Courage is the art of being the only one who knows you're scared to death."
Harold Wilson (1916 - 1995)

"Joy is not in things; it is in us."
Richard Wagner

"The reverse side also has a reverse side."
Japanese Proverb

"I'm glad I didn't have to fight in any war. I'm glad I didn't have to pick up a gun. I'm glad I didn't get killed or kill somebody. I hope my kids enjoy the same lack of manhood."
Tom Hanks (1956 - )

"Not only is there no God, but try getting a plumber on weekends."
Woody Allen (1935 - )

"Love is the delightful interval between meeting a beautiful girl and discovering that she looks like a haddock."
John Barrymore (1882 - 1942)

"They say that God is everywhere, and yet we always think of Him as somewhat of a recluse."
Emily Dickinson (1830 - 1886)

"Variety is the soul of pleasure."
Aphra Behn

"If you shoot at mimes, should you use a silencer?"
Steven Wright (1955 - )

"You need only reflect that one of the best ways to get yourself a reputation as a dangerous citizen these days is to go about repeating the very phrases which our founding fathers used in the struggle for independence."
Charles Austin Beard (1874 - 1948)

"I have only one superstition. I touch all the bases when I hit a home run."
Babe Ruth (1895 - 1948)

"The first question I ask myself when something doesn't seem to be beautiful is why do I think it's not beautiful. And very shortly you discover that there is no reason."
John Cage (1912 - 1992)

"You can take all the sincerity in Hollywood, place it in the navel of a firefly and still have room enough for three caraway seeds and a producer's heart."
Fred Allen (1894 - 1956)

"Middle age is when your broad mind and narrow waist begin to change places."
E. Joseph Cossman

"Breathe. Let go. And remind yourself that this very moment is the only one you know you have for sure."
Oprah Winfrey (1954 - )

"Transported to a surreal landscape, a young girl kills the first woman she meets and then teams up with three complete strangers to kill again." (The Wizard of Oz)
Rick Polito

"People are fond of spouting out the old cliché about how Van Gogh never sold a painting in his lifetime. Somehow his example serves to justify to us, decades later, that there is somehow merit in utter failure.
Perhaps, but the man did commit suicide."
Hugh Macleod

"Follow the path of the unsafe, independent thinker. Expose your ideas to the dangers of controversy. Speak your mind and fear less the label of 'crackpot' than the stigma of conformity. And on issues that seem important to you, stand up and be counted at any cost."
Thomas J. Watson

"In three words I can sum up everything I've learned about life: it goes on."
Robert Frost (1874 - 1963)

11/04/11

Entrada 1 del Renacimiento: La Memoria

Inexactos son los relojes que cuentan nuestros recuerdos. Entre falacias e imprecisiones, las horas construyen el frágil alhajero que cuida nuestra memoria. Como brochas sin dueño, los minutos colorean de negro y blanco paisajes caducos, ajados, salidos de un mapa de algún sueño perdido que solo la añoranza se atreve a volver a recorrer. Los segundos, decididos, aleatorios, trazan los rasgos del rostro que el corazón se niega a olvidar, como tinta que se escabulle entre grietas, sembrando en lo profundo del olvido la semilla abandonada de la duda.

El murmullo ignorado de un sentimiento cobra en un momento impreciso y aún así claro la forma de un contorno vago y amargamente familiar. El silencio se llena entonces de latidos acelerados, resonantes, imponentes, que se acumulan entre ecos y más ecos de ese grito ahogado que desde lo profundo reclama atención. Mientras más nítida se vuelve la mano del artista que retrata el recuerdo, más empalidece todo lo demás, más se embarra de nada, más se consume. Y de entre los pantanos frágiles y absorbentes de la memoria, surge serena su imagen, como si la espera de años fuera cuestión de un respiro, como si el empeño de ahogarla fuera un disfraz mal cosido, como si la oscuridad que la cubría fuera un velo que se doblega ante la fuerza de un suspiro.

El arco que componía un grito y un llanto ahogado de fondo enmudece en un instante. La mano invisible, de trazos ligeros e insoportables por su peso, se suspende en el tiempo, en el espacio. Del silencio sordo, denso y distante, se deshilan las últimas lágrimas de tinta y se sumergen en la nada, olvidadas por todo. Los sueños, entonces, se paralizan; las agujas, como bailarinas en un juego, se detienen formando figuras llenas de gracia; y el momento, indiferente, se instala por siempre. Y, entre nubes de lija y terciopelo, todo desaparece.

Como imágenes volubles de algún tiempo remoto, las caras borrosas del recuerdo surgen de entre el vaho de la memoria, y en un inconsciente parpadeo se convierten en golpes, en puños, en garras, que arañan el pecho de quien duerme sin cuidado. La piel se marchita una vez más entre tantas otras; se llena de marcas invisibles, sangrantes, negras, como un tatuaje hecho con una aguja de cristal y tinta roja; se quiebra, se rasga, se desgarra, ajada por el dolor de revivir, de volver a vivir y, con ello, volver a morir un poco.

Y tan deprisa como comienza, se detiene. Este juego macabro en el cual el olvido y la memoria se toman de la mano y empuñan juntos la tijera que corta, una y otra vez, la delgada unión que mantiene las cicatrices precariamente cerradas. Vuelve la distracción, la negación, el invento. El fuego se consume en el pecho de quien recuerda, dejando cenizas a la espera de volver a arder. Un suspiro, una lágrima, y todo termina.

Tal vez se trata de un sueño tejido con desengaños y desilusiones absurdas, digno de un destino perdedor en busca de un pasado cansado de incoherencias. Tal vez ese rostro no sea más que una mentira, triste sobra de una pesadilla mal dibujada y cobarde, que acecha sin disimular las mentes atormentadas y tormentosas. Y, tal vez, todo esto sea una excusa de un corazón acongojado, que sólo busca escapar a un recuerdo venenoso, con ojos sinceros de hombre y palabras punzantes de adiós.

09/04/11

09/04/2011




¡RENACÍ!

AVISO: PRETENDO RETOMAR LAS RIENDAS DE ESTE BLOG ABANDONADO. CON UN CAMBIO DE LOOK, UN CAMBIO DE ACTITUD Y UN NUEVO LEMA DE VIDA, PUNTOYPUNTA ARRANCA ESTE 2011 EN ABRIL CON GANAS!

ATENERSE CERRADOS DE MENTE Y SIN SENTIDO DEL HUMOR.

ATTE,
LA ADMINISTRACIÓN.





15/08/10

The End

Mientras se viste, mientras siente la suave tela del vestido rozar su piel, mientras cuela los dedos entre su cabello para recogerlo en un nudo desaliñado, mientras desliza sus pies en el cuero frío de los zapatos, mientras se maquilla tapando las lágrimas, mientras el tiempo transcurre atropellada y lentamente, el pensamiento helado de la muerte atraviesa una y otra vez su mirada. Al observarse en el espejo, sólo reconoce una figura difusa, borrosa, como un vago recuerdo de alguien a quien solía conocer. Intenta despejar la superficie con una mano temblorosa para lograr encontrarse, recomponerse. Y falla. Una vez más, falla.

Retiene un sollozo de pura frustración y se yergue, inspirando profundamente. El aire le parece espeso, denso, como si al respirar su cuerpo se llenase de piedras que la empujan hacia abajo, que la arrastran a ese pozo antiguo y eterno de melancolía y locura en el cual tantos poetas se perdieron. El mismo oxígeno que necesita la ahoga, la sofoca, su pecho se hunde bajo el peso de la memoria y el estómago se le retuerce de puro dolor. Siente que va a vomitar en cualquier momento y aspira cada vez más rápido intentando recuperar el aire que necesita para seguir, el mismo aire que la gravedad le roba y le niega. Cierra los ojos y el mundo tiembla a su alrededor. Cierra los ojos con fuerza y su vida deja de tener sentido. Cierra los ojos y, entonces, todo deja de importar.

Y su rostro aparece, nítido e impecable, ante sus ojos.

Debo ser fuerte, se repite. Debo ser fuerte, por él, se dice. Debo ser fuerte, por mí, se convence.

Cuando abre los ojos, el cuarto de baño ha dejado de tambalearse. Se encuentra entonces con su reflejo, que entre tanto se volvió límpido y la mira atentamente desde el otro lado del espejo. Se pregunta entonces si el otro lado del que tanto hablan no estará dentro de los espejos. Si, en realidad, la muerte se trata únicamente de volver a vivir, una y otra vez, a través de un cristal, la vida que tanto apreciamos. Se observa un momento y finalmente el pensamiento se escurre como el vaho que cubre el lugar.

Algo en su interior se decide entonces a permanecer en una pieza, a no desmoronarse. Con pasos firmes y movimientos precisos, recoge sus pertenencias, se abriga y alcanza la puerta. Y allí, frente al paso que determina que su vida recomienza sin él, su determinación se escabulle y se esconde entre las sombras, dejándola vacía y helada e incapaz de realizar un sólo movimiento. Con la mirada fija en la puerta, las piernas temblorosas, el cuerpo rígido, surge la duda: ¿es lo suficientemente fuerte? ¿Posee la valentía necesaria para salir y afrontar la vida por sí sola? Los segundos pasan y minan la firmeza con la que se había armado minutos antes. Es el momento de tomar una decisión, piensa. Es tiempo de elegir a qué aferrarse: si al pasado o al futuro.

Y entonces, abre la puerta de un tirón y sale.

El sol la ciega, el frío la hiela, el aire la hace toser. La piel le arde bajo la calidez de la luz, los ojos le escuecen ante la imagen del exterior, el corazón se le encoge por la firmeza de su decisión. Por un momento efímero, se arrepiente y desea volver a la seguridad de su melancolía. Antes de darse cuenta, esta girándose y volviendo a entrar a su casa. Y se detiene. Se obliga a hacer un alto porque ya ha salido, ya ha dado un paso demasiado importante como para echarlo a perder por algo tan simple como el miedo. Él superó el suyo, ¿por qué no podría hacerlo ella?

Sus pies se voltean y emprenden una marcha hacia el futuro. Lo que primero son pasos tímidos, aumentan en velocidad y largo, transformándose velozmente en una carrera junto al tiempo. Corre más rápido que nunca. Sus pies apenas tocan el piso, el viento la acompaña y la empuja a seguir. El mundo a su alrededor se diluye, se emborrona, los colores se mezclan y se pierden, los sonidos se silencian y todo pierde su significado. Por un momento siente que flota. Y no sabe si es la brisa, si es un reflejo de su cuerpo o si lo está imaginando, pero por un momento se siente sonreír. Por primera vez en mucho tiempo.

En un momento seco y repentino, se detiene bruscamente y su sonrisa se pierde entre la niebla vaga de su memoria. Frente a ella se alza la ceremonia oscura, triste, de expresiones nebulosas y palabras vacías. Siente un hueco en el pecho, como si alguien estuviese agarrando su corazón y arrastrándolo hacia el piso. El aire se le escapa y de repente es como si no pudiera rellenar sus pulmones. Súbitamente se le escapan las respuestas, las expresiones de agradecimiento. Ya no sabe qué decir, ni qué hacer. Por un momento se siente una niña, con una desesperada necesidad de alguien a quien acudir, detrás de quien esconderse. Pero no tiene a nadie. Y el pensamiento es como una bofetada en el estómago que la hace tambalearse y le nubla la vista.

La cabeza le da vueltas y cuando siente que va a derrumbarse, unos brazos la envuelven y la sostienen. No sabe quién es, si lo conoce o no, pero en ese momento nada importa. En ese instante, lo único que puede hacer es reclinarse sobre su hombro y llorar.

Luego, alguien le diría que existen peores tipos de cáncer que el que él sufrió. “El cáncer que afecta el alma”, le susurrarían. Tiempo después, la madre de él le haría comprender que en ellos podía encontrar una familia, alguien con quien contar. Años más tarde, entendería que, aunque existen razones de sobra para rendirse, si uno sabe mirar, existen aún más para no hacerlo.


Una muerte no es dura por lo que se va; es terrible porque te obliga a inventarte otra vida cuando creías que ya tenías una.” – Valfierno

04/08/10

Lo más dulce de la partida, es el regreso.

"Los dioses nos envidian porque cada momento podría ser el último." -Troya
Volví.

-LR

En noches aciagas pierdo el rumbo de mis pensamientos. La oscuridad se impone, se entromete, domina. La lógica deja de tener sentido y el tiempo se estanca. Todo cobra un color oscuro, se llena de negro. Las sombras se vuelven ciegas. Y ya nada se entiende.

Desiertas de vida, las calles se pueblan de óxido. Las paredes ceden ante la humedad y se descascaran, dejando un rastro de suciedad y abandono. Los edificios de cristal se convierten en cartón y se doblegan ante la fuerza del silencio. En el suelo yace la muerte abandonada, en hileras e hileras de caras sin rostro que esperan sin esperanza algo que ya no saben qué es.

Ya no hay nadie que se pregunte qué pasó. Los interrogantes se fueron junto con el viento y el hambre. El aire huele a fuego, ya que se consumió entre brasas y promesas. La luna y su verdad se desmintieron hace tiempo, dejando al cielo como un gran telón de teatro, que esconde y aplasta.

Las metáforas se volvieron borrosas, insignificantes. La poesía, incomprensible. Las palabras se vieron enfrentadas a su intrascendencia y de inmediato desaparecieron. La música, salvadora de tantos, fue consumida por las nubes, que en su gula se hincharon y terminaron por estallar. Las estrellas, impulsadas por la explosión, decidieron migrar a cielos lejanos, negándole al mundo su belleza y su luz. El arte se desvaneció poco a poco, quedando como una idea distante, una expresión sin concepto, un recuerdo vago en un universo con Alzheimer.

El frío reina entre la oscuridad. El suelo tiembla, los objetos se estremecen. El ambiente helado tortura y erradica, impide la vida y detiene la muerte. En el frío se alberga la eternidad efímera que lo controla todo desde su impasible cuna. No existen certezas, ni verdades. El pasado y el futuro son versos de un canto que se extinguió hace ya demasiado. La realidad es imaginaria, inventada.

Y si piensas estar vivo, tu única garantía, allí, es que no lo estás.

En noches aciagas pierdo el rumbo de mis pensamientos. Si me descuido tan sólo un instante, la muerte me abre las puertas a su solitaria ciudad. Y estando allí temo. Me aterra pensar que, en realidad, estoy echando un vistazo a un futuro posible. Y que lo único que puedo hacer, en esta inercia inevitable, es mirar.

10/06/10

CONFESIONES ESPORÁDICAS DE GENTE “NORMAL” Y NADA COMÚN - Capítulo 2: Eso que llaman Amor

Aquí llego con el segundo capítulo. Diferente al primero. En fin.

Espero que les guste!



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CONFESIONES ESPORÁDICAS DE GENTE “NORMAL” Y NADA COMÚN


Capítulo 2: Eso que llaman Amor.

Yo solía estar enamorado. De una forma poética, romántica y obsesiva, creía realmente que lo que sentía por esa chica –Sofía, se llamaba- era amor. Amor, con mayúscula.

Vivía engañado, obviamente.

Sofía era, de lejos, la chica más atractiva de nuestro año. Tenía una delantera y una vista trasera que mataban, y aparte era flaca y con curvas. Su pelo era largo y lacio, sedoso y brillante, y bajo la luz del sol el castaño se volvía rojizo. Tenía unos ojos grandes y claros como el cielo, y cuando te miraban te hacían temblar de los nervios. Era perfecta, hermosa como ninguna, con una sonrisa que desmayaba y una voz que hipnotizaba. Y cuando caminaba… todos caían rendidos a sus pies. Aparte era pura. Nunca estuvo con ningún chico del colegio por razones de que no quería lastimar a ninguno ni hacer sentir mal a los otros por estar con alguno en particular. Ella era buena con todos. Inocente y simpática.

Como dije, perfecta.

Todos los otros chicos querían estar con ella. Muchos buscaban algo de una noche, otros se perdían enamorándose de ella. Yo era uno de estos últimos, aunque yo tenía la certeza de que ella me quería también. Y por eso hacía todo lo que hacía: le escribía cartas, le regalaba flores, le recitaba poemas, le daba bombones. Le profesaba todo mi amor como cualquier primerizo hubiera hecho al no tener experiencia. La llené de regalos cursis y cartitas ridículas. Pero estaba perdido por ella. Y cuando uno ya está perdido… no tiene nada que perder.

Me acuerdo de una vez que, en el medio de la clase, le quise pasar un papelito con unas rimas que había estado pensando por unas cuantas semanas. Estaba tan emocionado, pensando que le iban a encantar y se iba a dar cuenta que ya no tenía que esconder su amor por mí. Tan emocionado estaba… Pobre estúpido. Le pasé el papel a un compañero para que se lo pasara, pero –típico- lo interceptó la profesora. Y para mi desgracia, lo leyó en medio de la clase.

Sofía, Sofía
Tú que eres en alma mía
Di que me amas como yo te amo
Que por ti yo todo lo hago.

Sofía, Sofía
Eres más dulce que una tía
Más hermosa que el día
Más pura que la Virgen María.

Sofía, Sofía
Tú que eres mi láctea vía
Di que me amas como yo te amo
No temas, si te caes yo te agarro.

Lo guardo únicamente para recordarme nunca volver a caer tan bajo. Ni la idiotez de la adolescencia ni el exceso de hormonas de la edad del pavo son excusa suficiente para mi deseo de humillación pública de ese entonces. Sobra decir que fui el hazmerreír de la clase hasta el día de la graduación, y aún hoy me lo recuerdan en las reuniones anuales que se hacen para los ex alumnos. Pero mi historia no tiene que ver con eso; al menos no demasiado.

Lo que sucedió ese día es que me di cuenta de que, en realidad, Sofía no era tan perfecta como yo pensaba que era. No solamente se rió de mí, sino que se rió de cada comentario burlón que hicieron mis compañeros en mi cara, y después de eso no me volvió a dirigir la palabra, ni siquiera una mirada. Sus amigas me señalaron y me gritaron cosas y ella se limitó a reírse. Y en ese momento la odié: no solamente porque me había roto el corazón -¡já!- sino porque, también, me había humillado cuando yo siempre la había tratado bien. Ya no era una cuestión de sentimientos o de orgullo: era una cosa de respeto.

Hueca sobrevaluada calientap-.


Entonces –y gracias a este momento de total y completa humillación-, entendí una cosa: yo no estaba enamorado de ella. Yo estaba obsesionado. Como todos los demás, con una dosis de psicosis y un poco de trastorno emocional. La cosa es que no iba a morir por ella, ni mucho menos morir porque me hubiera “roto” el corazón. Ahora que lo pienso… en realidad, es todo lo contrario.

Después de esa hora de clase –la hora más larga de mi vida-, me fui corriendo y me escondí en un rincón del patio, atrás de una columna, a llorar como nunca había llorado. Me acuerdo que sentía que mi vida ya no tenía razón de ser, que ya nada tenía sentido, que sin Sofía yo no merecía seguir viviendo. Y ahí estaba yo, acurrucado en las sombras, purgando toda la frustración y el dolor que pensaba que sentía, cuando la conocí.

Margarita. Magui para sus amigos más cercanos.

- ¿Estás bien?

Yo levanté la cabeza, entre indignado por haber sido interrumpido en mi dolor y asustado de que alguien me pudiera ver así –y más aún una chica. La miré con la cara hinchada y roja –según me dijo tiempo después- y el labio inferior me temblaba de pura rabia. Me sentía patético y descubierto. Y sin embargo, ella no pareció inmutarse.

- La verdad, me pareció terrible lo que te dijeron. Nadie merece ser tratado así.

Su voz era dulce y suave, reconfortante. Me ayudó a levantarme, aún cuando opuse cierta resistencia, y me acompañó a lavarme la cara. Me acuerdo de que me llevó de la mano y no sentí ningún tipo de vergüenza por el contacto. Por alguna razón que hoy comprendo mejor, en ese momento se sentía natural estar así, de la mano con esa chica menudita que no conocía y que me resultaba tan irreal.

Magui, fui aprendiendo después, se mantenía al margen de la vida social del colegio. La llamaban freak y rarita porque usaba gorritos con orejas de gato y tenía pecas. Caminaba como si flotara, siempre en su mundo, y mantuvo su cuerpo de nena hasta pocos años después de su graduación. Muchas cosas cambiaron en ella desde entonces, aunque las más esenciales –las más Magui- aún siguen estando allí.

Y no podría quererlo de ninguna otra manera.

Ella es de esas personas que sonríen la mayor parte del tiempo, porque sonreír es tan natural para ellas como respirar. Sonríen y ríen con una risa que suena a canción, que te hace sonreír también y te dejan con una sensación agradable en el pecho. Magui fue y es una nena alegre, con expectativas de vida tan maravillosamente simples como ser feliz, querer y ser querida. Es mi pequeña heroína. Mi Peter Pan.

En fin… Ese día Peter Pan me rescató de mí mismo. Me enseñó muchas cosas de la vida y nos volvimos muy amigos con el paso del tiempo. Para ella siempre fue más fácil mantenerse ajena a lo que la gente del colegio decía; para mí no tanto. Pero yo la seguía porque ella me llevaba ligeramente de la mano, para que yo pudiera soltarme cuando quisiera.

Y es el día de hoy que les aseguro que no pretendo soltarla por el resto del tiempo que me quede con ella.

Lo único que me queda es agradecer a Sofía: porque si ella no hubiera sido tan perfecta, yo no hubiera encontrado a mi perfecta imperfecta.

01/06/10

CONFESIONES ESPORÁDICAS DE GENTE "NORMAL" Y NADA COMÚN - CAPÍTULO 1: ¿Gorda, yo?

un o¡Hola a todos! Ni sé si hay alguien, pero de todas maneras... Locos ya estamos, hablar solos no es sorpresa.

Pretendo empezar una secuencia de pequeños textos -cuyo género no está aún identificado, supongo que irá variando. No sé cuánto durará -si es que durará- ni cada cuanto los subiré. En fin, supongo que lo iremos descubriendo con el tiempo, ¿no?

Se titula "CONFESIONES ESPORÁDICAS DE GENTE "NORMAL" Y NADA COMÚN" y aquí va el primer capítulo:


CAPITULO 1: ¿GORDA, YO?

Nunca fui gorda. Bah, al menos yo no creía serlo. Quiero decir, no era una sílfide de esas casi desnutridas que se ven en la tele todos los días, ¿no?, pero tampoco era gorda. De cómo yo me veía hasta el punto G que todas buscan evitar había un largo trecho. Para mí, tenía unas curvas interesantes que, cubiertas correctamente, mataban al pasar.

Bien gracias por eso.

Lo cierto es que me escondía tras excusas baratas como que me gustaba el buen comer y que tenía angustia oral. O sea, en definitiva me encantaba atragantarme con dos hamburguesas cuarto de libra de McDonalds y “sí, desearía profundamente agrandar mi combo, muchas gracias”. Comía chocolate y comida chatarra porque era fácil hacerlo, y después justificaba mi falta de ejercicio con la carga horaria de mi trabajo. Era una gordita feliz que no se consideraba gordita y que por eso era feliz.

Hasta que un día descubrió que era gordita y dejó de ser feliz.

La verdad de la milanesa –buen dicho de gorda- es que la gente, cuando estás pasada de rellenita, tiende a evitar decir algo. Es como si de alguna manera creyeran que, porque vos andas repitiendo que tenés angustia oral y negando que estás gorda, si te lo dijeran, te suicidarías. Seguramente no. Probablemente asaltarías alguna heladera a mano armada –con cuchillo y tenedor- y te darías una buena patada al hígado de puro placer depresivo. Es que la depresión es la mejor amiga y aliada –y excusa- de nosotras las gorditas. Es un círculo vicioso del cual es difícil de escapar: cuánto más comés, más engordás, y cuánto más engordás, más te deprimís y más comés. Sabemos que existe, que está ahí, pero si alguien se atreve siquiera a hacérnoslo notar, lo insultamos y lo sacamos de nuestras vidas: ya bastante que me sienta una bola de grasa como para que, encima, me vengan con que mi problema es un círculo vicioso. ¿Qué se creen, graciositos?

¿A qué me refiero con todo esto? En que si el espejo nos muestra la realidad que queremos ver, la gente no es mucho mejor. Es como si estuviéramos locas o algo así, y nos siguieran la corriente sólo porque no existe otra posibilidad. Se callan, nos niegan que estamos gordas y miran hacia otro lado cuando algo nos queda horrible. Nos mienten en la cara y hablan a nuestras espaldas, sobre que nos va a hacer mal a la salud, y que después nos quejamos de que no tenemos novio, y que para hacernos un regalo tienen que pensar algo copado porque la ropa está descartada. Amigas, amigos: no sabemos que estamos así de gordas. Hágannos el regalo de cumpleaños de nuestras vidas y háganoslo saber. Y no sean cobardes, nuestros insultos sólo duran un poco.

En fin, la cosa es que yo pensaba que estaba en la flor de mi vida, que todo era color rosa, cuando en realidad, todo era marrón como los chocolates que me embutía uno tras otro sin nada de pena y con mucha gloria. Había llegado a un punto en donde la ropa que tenía no me pasaba más allá de los muslos y aún ahí amenazaba con explotar. Pero yo me seguía viendo fantástica: por alguna razón –bastante irracional- que mi mente fabricaba, la culpa era de ese lavadero chino al cual mandaba mi ropa, ya que seguramente usaban un jabón chino de pésima calidad para achicar la ropa –porque allá son todos pigmeos- y me habían arruinado la ropa a consciencia. Me sorprende aún la vasta imaginación con la que contaba por ese entonces.

Mi vida de ensueño sufrió su trágico final un día de julio, mientras me volvía en colectivo del trabajo. El colectivo, como de costumbre, estaba hasta las ventanas de gente y sólo los altos respiraban. Nadie sabía muy bien por qué, pero el colectivero seguía haciendo subir gente, cuando era claro que no entraba nada más. Y con eso me refiero a que yo iba sin agarrarme de nadie, porque de tan ajustados que estábamos todos no tenía espacio ni para moverme un paso. Mucho menos caerme.

En este subir y subir y subir y nunca bajar de pasajeros, termino al lado de un asiento de las primeras filas –de esos para embarazadas, discapacitados y viejos- y me acuerdo que pensé que qué bueno sería ser alguna de esas cosas para ahorrarme el viaje parada y con un caño incrustado en el costado del estómago. En mi distracción, escucho que desde delante de todo se ponen a gritar y a hablar todos con todos, señalando al señor que estaba sentado en el asiento del cual yo estaba estacionada. Lo miro, me mira y veo que se sonroja. Inmediatamente se levanta y me ofrece el asiento.

Y entonces, la frase del conductor llega a mis oídos.

“…el asiento a la mujer embarazada.”

Me costó su buen momento entender que se referían a mí. Embarazada. Embarazada como en gran panza, veinte kilos de más, gordura general. Embarazada como en gorda hasta la casi discapacidad. Embarazada como en gorda y con buena razón de serlo.

Em-ba-ra-za-da.

Todavía tengo presente la imagen del tipo que me estaba ofreciendo el asiento. Yo me le quedé mirando como en estado de shock porque, simplemente, no podía creer lo que estaba pasando. PasándoME. Era todo demasiado absurdo: ¿yo, embarazada? Lo más gracioso –para alguien, supongo- era que la gente a mi alrededor tenía cara de sincera preocupación. Todos observaban, interesados por mi salud, criticaban al señor que no me había cedido el asiento antes, mientras este me miraba casi con irritación porque yo no estaba reaccionando. Una señora mayor entonces me empujó levemente para abrir un poco de espacio y para incitarme a que me sentara porque todo estaba bien. Di un paso hacia delante y entonces tomé consciencia de la situación. Y mi primera reacción fue querer morirme ahí mismo.

Después sopesé las dos alternativas que tenía: o sentarme y viajar cómoda, aunque asumiendo el papel de embarazada, o negarles a todos que estaba embarazada, enfrentarme a las miradas burlonas y avergonzadas de los demás, y viajar parada.

Al final, me bajé del colectivo.

Volví a mi casa en taxi y lloré toda la noche. Puse mi casa patas para arriba de pura frustración y, por primera vez, no acudí a mi fiel amiga la heladera, por mucho que me llamó. Tiré toda la comida, todos los chocolates, todas esas cosas que me hacían tan feliz y tan mal. Al final, me dormí en el piso de la cocina, con el maquillaje corrido por las lágrimas y la panza asomándose por la remera y descansando sobre las baldosas junto a mí, como una leal mascota.

Definitivamente, un momento a olvidar.

Hoy lo pienso y la verdad, fue un momento bastante bobo. Exageré y dramaticé todo, pero en su momento fue una situación crucial en el desarrollo posterior de mi vida. Desde entonces le pedí ayuda a una amiga –que volvió con su cara de “te lo dije”- y vamos juntas al gimnasio desde entonces. Empecé las mil y una dietas y varias las llevé a puerto seguro, no sin poco esfuerzo y voluntad. Bajé los veinte kilitos de embarazo que me sobraban y unos quince más, y hoy puedo decir que estoy físicamente espléndida. Aún sigo rechazando con mucho pesar la llamada de McDonalds cuando paso cerca y los gritos desesperados de los chocolates de los kioscos. No es fácil, pero con el tiempo deja de ser tan difícil.

Ese día juré que no volvería a pasarme algo así nunca más. Y por ahora, lo estoy logrando.
El mío no es un final feliz: no digo que negarme todas esas cosas que me hacían sumamente feliz sea algo bueno. Mi problema fue el exceso. Era una adicta. Puedo reírme hoy, pero en su momento fue todo un evento. Desde entonces me cuido con una regulación casi militar y me prohíbo cualquier desliz por miedo a recaer en lo mismo. No soy feliz, pero estoy bien.

Y si tengo que admitirlo, prefiero mi bienestar actual que mi felicidad efímera de ayer.

19/05/10

RACHA INSPIRACIONAL

Soy mucho y soy nada.
Tengo pies, manos, tengo palabras.
Tengo sueños, deseos, tengo ganas.
Soy poco, soy todo y no soy nada.

Me pierdo un poco más cada semana,
Cada día, cada hora, son una borrosa armada
De soldados sin ojos, sin corazón y sin caras
Que vienen a mi encuentro y me enlazan.

El futuro es un pasillo oscuro, sin ventanas,
Silencioso y eterno, en su soledad vaga.
No indica, no salva, al margen siempre aguarda,
Al que avanza, ciego, en su puño su alma.

Al perdido lo sigue el pasado de historias vanas,
De metáforas absurdas y décadas desalmadas.
Pues el pasado es una quimera gigante que aplasta,
Que cruje y que ruge, y que todo lo avasalla.

Y en el medio, en el presente efímero, sin agallas,
La poetiza solitaria se esconde, se resguarda,
Demasiado cobarde, demasiado superada,
Indigna de la gloria, con deseos que llevan a nada.

Soy mucho y, sin embargo, no soy nada.
Tengo cabeza, tengo corazón, tengo faltas.
Demasiado imperfecta, soy criatura de palabras.
Soy mucho, soy todo, y sin embargo, no tengo nada.

18/05/10

TOMORROW HAS GONE BY, YESTERDAY'S NOT HERE YET: ALL WE KNOW IS NOW, TODAY, THIS, AND THAT'S ALL WE SHOULD LIVE IN AND FOR

Dedicado a: K, Matt, Mich, Maggie, Guille y mi papá. Mis inspiraciones de hoy -y algunos de siempre.

If I fell, would you hold me tight?

If I went away, would you bring me back?

If I was nowhere to be seen, caught by darkness, would you look for me and set me free?

If I jumped, would you jump after me?

If I was blind, would you be my eyes?

If I told you to go, would you remain by my side?

If I went far, far away, would you come with me?

If I was different, would you let me be?

If I was lost, would you show me the way?

If I had sadness in my hands, would you take it away?

If my teeth shattered with cold, would you give me heat?

If I was deaf, would you sing for me through my skin?

If everything around me seemed to crumble, would you be my strength?

If I was mute, would you be my unspoken terms?

If I was crying, would you dry my tears?

If I was wrong, would you be wrong with me?

If I hid in the shadows, would you show me the light?

If I said I love you, would you say it back?

If you had the chance, would you kiss me?

If you said you love me… would you mean it?

06/05/10

Si para recobrar lo recobrado
Debí perder primero lo perdido,
Si para conseguir lo conseguido
Tuve que soportar lo soportado,

Si para estar ahora enamorado
Fue menester haber estado herido,
Tengo por bien sufrido lo sufrido,
Tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
Que no se goza bien de lo gozado
Sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
Por lo que el árbol tiene de florido
Vive de lo que tiene sepultado.

-Francisco Luis Bernardez

02/05/10

#

¿Por qué usted, señor Heterosexual, tiene el derecho de controlar mi vida amorosa? Yo no intento controlar la suya. ¿No sería justo que usted tampoco lo intentara con la mía? Yo no le digo con quien debe casarse, de quien debe enamorarse, con quien debe compartir su vida. Yo no trato de quitarle y prohibirle derechos que deberían ser iguales a todos los seres humanos que somos. Porque soy una persona, lo crea usted o no. Siento al igual que usted, sufro al igual que usted y me enamoro al igual que usted. Deseo compartir mi vida, mi intimidad con la persona que ame, e imagino que usted desea lo mismo. Me pregunto entonces: ¿por qué es justo, señor, que a usted la ley se lo permita, y a mí no?

¿Es que la ley me considera un ser inferior por mi inclinación sexual? ¿Merezco ser discriminado por el simple hecho de ser diferente a usted? ¿No es una actitud retrógrada, que nivela nuestra sociedad a la época del nazismo, o a la Inquisición, o a la clasificación racial de los blancos como seres superiores a los negros? Al negarme derechos que las personas heterosexuales tienen, ¿no me están clasificando como un ser inferior? ¿Y desde cuándo es eso diferente a lo que hicieron los colonizadores, la Iglesia o los fascistas?

Si es usted una persona religiosa, señor, y su Dios le dicta que mi condición de homosexual es pecaminosa, entonces ruego porque usted no se encuentre nunca en mi situación, dado que lo enfrentaría a sus creencias, y no le deseo eso. Y así como yo no le deseo ningún mal, ninguna infelicidad, me gustaría esperar de usted lo mismo. No le pido que apruebe lo que soy, ni que lo entienda o lo comparta; únicamente desearía que me permita usted la posibilidad de expresar mis sentimientos, a quien sea que estén dirigidos. Lo único que espero es respeto. Pero, al parecer, estoy pidiendo demasiado.

Me encantaría comprender como es que algo tan hermoso como es amar a alguien se convirtió en una lucha de poder. La religión contra los homosexuales. La ley contra los diferentes. Las creencias contra los sentimientos. Todos deseamos amar y ser amados, abrazar y ser abrazados, besar y ser besados. Todos buscamos ese brillo en la mirada del otro cuando nos ve, la sonrisa que se esconde en sus ojos cuando nos mira, la alegría que tiembla en su voz cuando nos dice que nos ama. ¿Por qué debo defender esa búsqueda ante usted, ante la sociedad, ante la ley? ¿Por qué debo marchar por ser feliz, esconderme para amar, recibir insultos y golpes por querer? ¿Por qué debo vivir al margen, cuando me corresponde una parte de la página, al igual que a usted?

Entiendo si verme con mi pareja no es de su agrado. Entiendo que usted no me entienda. Entiendo si le es difícil aceptarme como soy. Lo entiendo y, más importante, lo respeto. No pretendo exigirle nada, salvo lo mismo que yo le dedico: comprensión y respeto. Le propongo un alto al fuego por un momento. Intente por un instante ponerse en mi lugar y trate de visualizar lo que se siente ser constantemente atacado, constantemente insultado, constantemente discriminado. Haga el esfuerzo de imaginar qué se siente el ser marginado, no tener los mismos derechos que los demás, ser tratado como un ser inferior. Intente concebir qué se siente recibir los golpes en vez de darlos, y aún así estar escribiendo una carta libre de agravios que busca el respeto mutuo, el entendimiento y el amor. Ambos deseamos ser felices y, mientras no se trate de herir a nadie, ambos deberíamos tener el mismo derecho de serlo. Al menos, esa es mi opinión.

Con todo el respeto que le debo, me despido y le agradezco por haber llegado hasta aquí. Le ruego que no me condene por ser diferente. Si mi intención es amar, ¿por qué negarle a alguien más la posibilidad de ser amado?

G.

18/04/10

HOY: SIN FILTRO

¿Alguna vez pensaron en todo lo que día a día nos perdemos de la vida que nos rodea? ¿De todo lo que pasa por nuestros ojos sin detenerse en nuestra mente, de todo lo que atraviesa nuestras orejas de punta a punta sin siquiera inmutarnos, de todo lo que perfuma el aire a nuestro alrededor, y que sin embargo, nunca llegamos a oler? Por ejemplo, me di cuenta hace un tiempo que nunca miro para arriba cuando camino. Para adelante, sí, para abajo, también, pero todo lo que se esconde entre mi línea de visión y el cielo pasa por invisible y se pierde en el ajetreo cotidiano que puebla mi cabeza. Entonces, una vez levanté la vista: y desde entonces, no puedo volver a bajarla.


Los edificios que no rodean son monstruosos. Grandes, abarcativos, sucios, coloridos, desgastados, modernos, antiguos, altos, bajos, medios. Acogen a miles y miles de personas a lo largo de su vida, invaden las calles y el aire, detienen el viento y el frío, acunan el calor más intenso, y aparecen, de forma repetitiva y eterna, en la orilla de los caminos que surgen ante nosotros al andar nuestra vida. Pero no los vemos. No realmente, no en todo su esplendor. Nos perdemos una parte enorme de lo que son, de lo que representan, de las historias que se escriben entre sus paredes huecas. Son libros que no podemos abrir, expresiones que no podemos leer. Son el símbolo de lo nuevo, de lo viejo, del tiempo que pasa y de nuestras necesidades más básicas. Nosotros los creamos, y ellos nos acogen.


Como en los árboles de la selva, lo mejor de los edificios se encuentra en la copa. Las terrazas con una vista digna de cualquier rey, las antenas con acceso al mundo, las gárgolas que lo protegen del paso del tiempo. En sus cimas se hallan los misterios más impenetrables, los cuentos más inaccesibles. Allí arriba se esconde el poeta cuya alma torturada se retuerce y se resiste, pero que lo único que desea es asomarse y saltar.


Y detrás de estos pilares de las ciudades, que nos tapan la luz del sol y nos impiden ver las estrellas, se extienden los pastizales celestes de la eternidad. De allí arriba penden nuestros más grandes deseos y nuestros más terribles miedos, junto con nuestros recuerdos más valiosos y nuestras historias más íntimas. Pues, ¿quién conoce mejor nuestros deslices, nuestros anhelos, nuestras penas, que la Luna inmortal, amante de poetas y confidente de mortales, siempre inalcanzable pero eternamente a la escucha, tan tímida, tan humilde, tan deseada? Allí arriba, el consuelo a toda una vida de sufrimiento aguarda; allí arriba, y sólo allí arriba, nace la esperanza que nos hace ser quienes somos.


Entonces, de repente, pienso que hay que mirar más hacia arriba. Dejar de mirarnos los pies y empezar a observar las estrellas y las nubes, dar rienda libre a nuestra imaginación que purga desde siempre por salir y abrirnos a todo lo que nos rodea y que vuela con el viento hacia los lugares más remotos y trae consigo aromas a tierras lejanas, imágenes de colores sin inventar y música tejida del silencio del alma y del susurro de la naturaleza. Respirar menos y más profundo, dejar que todolo que antes nos perdíamos, recorra por primera vez nuestro cuerpo hasta mostrarnos la vida de nuevos colores. Y tal vez, en ese momento, todo tenga un poco más de sentido.


Tal vez no. Pero por lo menos, habremos aprendido algo más de este extraño mundo que nos rodea. Por ejemplo, cómo mirar hacia arriba.

22/03/10

"You are from my dreams and the unspoken longings of my heart..."


#


Enamorarse es iluminarse nuevamente.
Son cenizas que arden otra vez,
La misma historia que va al revés.
Enamorarse es rendir culto a lo demente.

El amor es el rubor en sus mejillas
Al oír pronunciar su nombre,
La valentía en aquel hombre,
Cuya cobardía temblaba en sus rodillas.

Amar es consumirse en una eterna locura
Llena de sobresaltos, miedos y lágrimas,
Llena de risas y juegos, penas y lástimas.
Amar es sufrir la fiebre que todo lo cura.

Querer no es amar y amar no es querer:
Querer es desear, querer es poseer;
Amar es dar, sentir, amar es perder.
Querer es conquistar, amar es ceder.

Enamorarse es darlo todo, sonriente,
Entregarse a alguien en cuerpo y alma,
Entregarse a lo desconocido con calma.
Enamorarse es sentir como nadie siente,
Ahogarse y revivir en brasas ardientes.

08/03/10

Hierba mala nunca muere

TINTA ILÍCITA



En las tribulaciones tormentosas del querer,
En las horas desahogadas del sufrir,
Me pierdo en el camino sinuoso del recuerdo,
Me busco en el reflejo difuso del vivir.

No entiendo de metáforas ni de analogías,
Las glorias vanas de la rima no perduran,
El ritmo lo absorben mis dedos añejos
Y lo poético, con perseverancia lo arrullan.

Mis palabras frustradas se tiñen de viejo,
Mis canciones, veteranas, se vuelven cánticos
En los escombros oscuros de alguna catedral,
En las memorias polvorientas de algunos áticos.

No me reconozco en los deseos de la juventud,
Ni en esos finales felices que buscaba el ayer,
Me reencuentro roída por la fuerza del tiempo,
Envuelta en pétalos de lija y brasas por arder.

Con la pluma desenvainada, me consumo en versos,
Buscando la respuesta a esa pregunta implícita,
Siguiendo el curso del pensar, del sentir y del soñar,
Escribiendo mi historia de ilusiones con tinta ilícita.





Volví. Volví de la playa, del mar, de la arena y de la fiesta. Volví al fin y vengo a postear porque me reclamaron -y con razón- que hace mucho que no posteaba. Así que, aquí estoy, con el segundo poema en español que subo (había renunciado a la poesía hacía tiempo...). Un poema del tiempo que pasa y el miedo y la escritura. Ya saben, para opiniones, una monedita =).

PD1: PuntoyPunta tiene una nueva imagen de cabecera!
PD2: No sé cómo decir esto sin sonar cursi o trillado, pero me gustaría proponer un minuto de silencio por todas las víctimas del terremoto en Chile, cuya gravedad fue tanto terrible como devastante. Espero que los sobrevivientes puedan salir adelante.

Esquina del Arte